Se encontraba una mañana la culebra Berta tumbada al sol, sobre una piedra bien calentita, y viendo a los pájaros volar sintió envidia de ellos.
Apareció por allí el ardacho Francho dispuesto a sestear un rato en su piedra favorita, pero cuando llegó, vio a Berta bien repanchigá sobre ella. Francho tras saludarla con la cola, le preguntó:
- ¡¡Qué!!… ¿Se está bien?
- La verdad es que he visto piedras más mullidas que está, pero no se está del todo mal.
- Juancho, estaba pensando en lo mucho que me gustaría ser aunque fuera el más torpe de los pájaros, poder ir volando a todas partes y dejar de arrastrarme por ahí.
- ¡Será posible…!, es la primera vez que oigo renegar a un animal de su estirpe. Cada uno se encuentra bajo la piel que le toca o le ponen. No querer ser uno mismo es una gran desgracia; si no estás contento contigo, ¿cómo lo vas a estar de los demás? Cada uno es como es.
- Pues yo he llegado a escuchar que hay humanos que quieren ser ardachos.
- Hay que ver como están estos humanos… Ninguno de ellos está contento con su condición…
- Para ti es muy fácil, tú eres un ardacho, pero ¿Has oído alguna vez algún humano que quiera ser culebra?
- La verdad es que no.
- Por eso yo quiero ser una golondrina.
- Sí… Y luego querrás ser un cernícalo, después un halcón y al final un avión. Deberías saber que a los animales no hay que juzgarlos por su aspecto, y mucho menos por sus facultades, sino por el uso que hacen de ellas. ¿Crees que a los humanos, con toda la inteligencia que se les supone, les va mejor que a nosotros?
- Claro que no. Están peor que cabras.
- No hay peor error que perseguir quimeras con desmedido ardor; en el camino podemos perder lo realmente importante.
- Cuanta razón tienes Francho. Yo quiero ser culebra y nada más.
- Ya verás como un ardacho es fiel a su estirpe y nunca reniega de su origen de ardacho.
- ¡¡Hola Franchete!!…. Mira, estaba diciéndome Berta que quiere ser un ave. ¿A que tú no quieres ser un pájaro?
- Claro que no.
- ¿A que tampoco quieres ser un pez?
- Por supuesto que no.
- A que tú lo que quieres ser, por siempre, es un ardacho.
- No tío, yo no quiero ser un ardacho.
- ¿No querrás ser un humano?
- No tío, no quiero ser un águila, ni mucho menos un humano, pero tampoco quiero ser un ardacho.
- !Entonces si no quieres ser ni águila, ni un humano, ni un ardacho ¿qué quieres ser?
- A mí lo que más me gustaría ser es una ardacha.
A lo que Berta le contestó:
Y continuó diciendo:
Francho le replicó:
Berta le respondió:
Y Francho entre risas dijo:
Berta le interrumpió:
Berta negando con la cabeza contestó:
Y retomando la palabra Francho, sentenció:
En esos instantes se acercaba por allí el sobrino de Francho, y éste le dijo a Berta:
Tras saludar a su sobrino, Francho le pregunto:
Y su sobrino le contestó con decisión:
Y Franchete contrariado le respondió:
Berta quedó estática ante la respuesta y Francho malhumorado le preguntó a su sobrino:
Francho enojado y fuera de sí le vociferó:
Y Franchete cucándole el ojo a Berta contestó:
(AMR)